El hundimiento del Titanic: siete lecciones para el Emprendedor

El RMS Titanic

Se cumplen cien años de un hundimiento épico, reflejado en libros, artículos, películas y documentales. Pero ¿hemos aprendido algo de la historia? Muchas veces se podría decir que NO, y que el Emprendedor vuelve a tropezar con los mismos témpanos de hielo figurativos.

Y es que la triste efeméride del barco más famoso de todos los tiempos nos permite reflexionar en siete lecciones que el Emprendedor debe retener en su mente, ¿te animas a leerlas y salvar tu proyecto de un destino fatídico?

Lección #1. Demasiada atención a lo que hacía la competencia.

La compañía del Titanic, la White Star, estaba enzarzada en una dura pugna con otras empresas (la Cunard y la Hamburg-American) por dominar el mercado de los grandes navíos de lujo. Una de las obsesiones era batir los récords de velocidad. Ni siquiera las advertencias sobre icebergs que recibieron los oficiales desde otros barcos les hicieron aminorar la marcha, al contrario, en algunos momentos la aumentaron. Con fatales consecuencias.

¿Estás empezando en un proyecto de emprendimiento? Deja de fijarte tanto en lo que hace la competencia, y céntrate en llevar a buen puerto tu proyecto. Tampoco quieras ir tan deprisa que pierdas de vista los escollos a que te enfrentas. Dedica tiempo a analizar la situación, el mercado… y que tu objetivo número uno sea sobrevivir, y no batir récords, ni crecer demasiado deprisa.

Lección #2. No hubo “fase de testeo”

El propietario —J. Bruce Ismay— quiso hacer la primera travesía sin dejar tiempo suficiente a probar el barco, para destacar de la competencia antes mencionada.

Hoy día los inversores de un proyecto pueden igualmente presionar al emprendedor a tomar riesgos rápidos, atraídos por la idea de que “el primero se queda el mercado” (cosa que apenas suele ser cierta en Marketing, por cierto). Saltarte la fase de pruebas y/o ignorar las conclusiones que saques en ella, pueden ser letales. Ser el primero, sí, está bien: pero si es para ser “el primero en morir”, mejor no, gracias…

Lección #3. Previsiones poco realistas, y mala estrategia ante las dificultades

Los barcos de lujo (no sólo el Titanic) no llevaban suficientes botes salvavidas para la tripulación: algunos cifran que sólo había para la mitad del pasaje. Para colmo de males, cuando empezaron a soltarlos, muchos de ellos salían medio vacíos porque la gente no era consciente de la gravedad de la situación. Algo totalmente desastroso.

Muchos emprendedores se hacen previsiones terriblemente ilusorias cuando empiezan. Pueden pasar años hasta que un proyecto empiece a dar beneficios. Pero quizá no has previsto ningún colchón ni manera alguna de aguantar hasta ese momento. Mal hecho. Sin bote salvavidas te hundirás sin remedio.

También, cuando lleguen las dificultades, que vendrán sin duda alguna, ¿serás capaz de ver qué cosas puedes sacrificar de tu visión de negocio, y centrarte en salvar lo que es más rentable? Una de las cosas que deberían enseñarse más en las Escuelas de Negocio es cómo afrontar las temidas crisis, porque son precisamente esas situaciones de “vida o muerte” las que pueden hacer la diferencia.

Botes Salvavidas del Titanic

Lección #4. Exceso de confianza

Es un mito que la empresa naviera sugiriera que el barco fuera “insumergible”. Pero también es cierto que nadie creía que la esplendorosa nave pudiera sufrir esa catástrofe en su primer viaje. Los primeros botes no se llenaron, entre otras cosas porque los pasajeros dudaban realmente de que aquel barco pudiera hundirse.

¡Cuando lo entenderá la gente! Grandes inversores, gente válida, un buen equipo, y mucho presupuesto no garantizan nada. Hay que trabajar duro, y evitar muchos problemas tipo iceberg que van a surgir. Es un mito que una empresa con mucho apoyo financiero no pueda hundirse: no sólo puede hundirse, sino que cuando lo haga, será “a lo grande”, y se perderá mucho más que con un pequeño proyecto. Las moralejas: a) nunca te lo creas, sé humilde y b) el dinero no es garantía de nada, un proyecto pequeño puede sobrevivir tanto o más que uno montado “a lo grande”.

Lección #5. Escucha las advertencias, aunque no te gusten

Durante su travesía por el Atlántico, el capitán y los oficiales recibieron numerosos mensajes de felicitación, pero también otros que les prevenían de las “grandes cantidades de hielo” que otros barcos habían avistado. Una horas antes, los telégrafos del barco ignoraron un mensaje de “gran iceberg” y no se lo hicieron llegar al capitán. Otro aviso parecido más tarde se pasó por alto, porque estaban muy ocupados mandando mensajes que les encargaban los pasajeros.

Muchas veces uno puede estar tan absorto en la ejecución de su gran idea de negocio que no escuche los “avisos a navegantes” de gente con experiencia empresarial. Es cierto que a veces tendrás que ignorar a “tontos” ( los ‘bozos’ que describe Guy Kawasaki) que no ven el potencial de un proyecto y te van a desanimar.

No obstante, si gente con criterio te habla de obstáculos, problemas y situaciones complicadas con las que tendrás que lidiar, y hasta te citan cuáles son, no lo eches en saco roto. Toma nota, y aunque suponga cambiar un poco el rumbo, no seas imprudente. Mejor es tardar algo más en llegar, que arruinar tu proyecto. Ah, y en general, si alguien te dice que va a ser fácil, o siempre te lo pone todo de color de rosa, tenlo claro: te está engañando…

El Desastre del Titanic en la primera plana de las noticias de su época

Lección #6. Dar demasiadas cosas “por hecho” y no reaccionar a tiempo

El capitán no aminoró la marcha, porque se había imbuido de esa sensación de falsa seguridad que tenía todo el mundo. Y es cierto: había cierto margen de error. Hasta dos compartimentos podían inundarse completamente (el iceberg abrió una brecha en cuatro). Tampoco se añadieron muchos botes salvavidas porque se dio por hecho que no pasaría nada grave, y que, aún en las peores circunstancias, la nave no se hundiría tan rápido y la ayuda vendría rápidamente. Igualmente, muchos pasajeros rechazaron un chaleco salvavidas porque presupusieron que la cosa no era tan grave.

Todo ello presuposiciones, que luego por supuesto no se cumplieron. Pero demasiados negocios se crean con suposiciones sin demasiado fundamento, ese “yo creo que hay un mercado para esto”, “yo veo que puede funcionar”, “yo he visto que a otros les han funcionado”… Todas esas hipótesis se las lleva el viento en cuanto un proyecto se pone en marcha, poniendo a prueba tu resistencia extrema a condiciones cambiantes, a cosas que no habías tenido en cuenta o no esperabas y que pueden significar el fin.

¿Tendrás la capacidad entonces de tirar por la borda esas expectativas y reaccionar rápido ante las primeras señales, para no hundirte?

Lección #7. Profesional hasta lo último, y con la moral bien alta

La célebre escena de los músicos tocando en la cubierta del Titanic es totalmente verídica, y en realidad se les tuvo siempre por unos héroes. Los siete músicos se hundieron con el barco, pero siguieron tocando casi hasta el final, supuestamente para “mantener la moral alta de la tripulación”.

El Emprendedor necesita buscar alrededor personas que le den apoyo moral. Las cosas no van a ser sencillas, y si tu entorno sólo te aporta negatividad, no vas a aguantar. Busca para tu equipo personas no sólo con aptitudes, sino con actitudes: que no se arruguen cuando haya problemas, que no abandonen el barco a las primeras de cambio, y que no dejen de aportar en todo momento con su trabajo y buen ánimo. Tú mismo, intenta ser ese tipo de emprendedor “mentalmente fuerte” y vitalista, ayudando a tu entorno a serlo.

…y si la cosa finalmente se hunde:

…relativiza: no ha muerto nadie, y aunque se haya perdido el barco, has aprendido muchas cosas. A la siguiente será más fácil. El hundimiento del Titanic no hizo desistir a otros barcos de lujo de seguir navegando, pero sí logró que se implementaran mejores protocolos de actuación ante estos problemas. La última gran lección podría ser entonces “Que no te estigmatice el fracaso: aprende de los errores, y sigue adelante”.

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