Cuando el Naming confunde e irrita al usuario: tres casos recientes
Tarjeta de solapa con "Hola mi nombre es"

Ah, el naming, esa ciencia y a la vez arte, de elegir cómo se llama una marca, producto o empresa. Es tan complejo y está tan lleno de recovecos, que siempre es fácil encontrar casos donde no está bien resuelto. Pero en ocasiones, va más allá… crea en la mente de los usuarios una expectativa, o un modelo de lo que se va a encontrar, que  —cuando no se cumple— confunde, irrita o lo que es peor, directamente genera un chorreo de críticas y negatividad.

Las empresas tecnológicas no son inmunes a decisiones de Naming basadas en una estrategia de marketing que claramente no se ha pensado desde el punto de vista de los usuarios… craso error. Hoy os presentamos tres casos recientes y cómo nos parece que han “lastrado” —al menos en parte— a los productos/servicios que así fueron “bautizados”.

Adobe Creative Cloud: “no es la nube, idiota”

Todos los que estamos en esto del software creativo hemos tenido que explicar ya como un millón de veces —y las que nos quedan— que “no, Photoshop no está en la nube, se te instala en el ordenador, como siempre lo ha hecho”.

El asociar el nombre de su “suite creativa” tan indisolublemente a esa “nube”, posiblemente haya sido más un desacierto que una ventaja por parte de la casa de software californiana Adobe. Ha creado una confusión real y hasta zozobra en los usuarios. O en otros casos, expectativas irreales: “ah, podré usar Photoshop desde cualquier ordenador con un navegador, sin instalarlo, como al final está en la nube…”.

Combina esto con una estrategia en la que sus programas han pasado a ser exclusivamente de suscripción, y el resultado es que el pánico se ha extendido: mucha gente ha empezado a buscar alternativas, o a decir que se quedarán en la CS6 hasta que se les “caiga a cachos”.

Algunos odian Creative Cloud, por distintas razones.
Ya hay una legión de “haters” de la Adobe CC, por el cambio de modelo a suscripción. El nombre tampoco ayuda a quitarle confusión al tema.

¿Por qué llamar Creative Cloud (CC) a una suite de software que sigue dependiendo de instalarse en tu ordenador como siempre? Bueno, porque hay ciertos servicios, y un sistema de compartir archivos (tipo Dropbox, pero para creativos) que sí están en esa “cloud”.

Quizá lo tendrían que haber llamado CS7 + servicios “en la nube”, pero sonaba muy largo. Mejor abreviarlo, que suena mejor, pensarían. Además, lo de la nube está de moda, y pareceremos que estamos más “a la última”. ¿El resultado? Un nombre pegadizo, pero tremendamente desorientador. Adobe, creemos que lo podrías haber hecho mejor

Windows 8 y Windows RT: ¿de qué me estás hablando?

Microsoft pocas veces se ha caracterizado por namings muy ocurrentes, es cierto. Casi siempre muy tecnificados, muy para XPertos, que oscurecen más que aclaran, y poco pensados para el gran público. Aunque en este caso, la jugada que se les ha preparado no tiene que ver con lo amigable del nombre, sino con las asociaciones mentales que conlleva.

Windows 8 en tabletas ya no tiene tanto que ver con la experiencia clásica del Windows de ordenador. Pero en un arranque de “originalidad”, había que llamarlo Windows también.

Pero digo yo, si no va a tener ventanas ni nada que se le parezca, ¿qué sentido tiene insistir en ello más que aprovechar el “tirón” del nombre clásico, para atraer al público más técnico y fan de Microsoft? Para mí, mejor llámalo “Tiles” o cualquier otra cosa que sea característica de una nueva forma de utilizar estos dispositivos. Así “rompes” con los viejos moldes, y das a la gente la oportunidad de enfrentarse a algo sin prejuicios establecidos.

No, Ballmer, por mucho que se lo expliques la gente no entenderá que algo llamado "Windows" no tenga botón de Inicio
No, Ballmer, por mucho que se lo expliques la gente no entenderá que algo llamado “Windows” no tenga botón de Inicio

El hecho de seguir llamándolo Windows ha provocado situaciones tales como, que al verlo instalado en un ordenador, la gente esperaba que siguiera teniendo el MISMO comportamiento y funcionalidades que sus antecesores. Pero no, no estaba el botón de inicio ahí a mano, por ejemplo. Resultado: confusión, incluso ira, y malas críticas…

“No podemos evadirnos a la realidad de que un mal nombre condiciona, crea expectativas equivocadas, confusión, y hasta quizá, vergüenza ajena.”

Apple en este sentido lo ha hecho mucho mejor. OS X e iOS tienen los mismos orígenes, pero la casa de la manzana no se ha empeñado en que compartan el mismo nombre… porque la experiencia, filosofía y manejo iban a ser muy diferentes, y se crearían expectativas que no se podrían cumplir.

¿Cuánta gente va a esperar (por ejemplo) tener el Office de su ordenador instalado en el tablet, porque como ‘me dice que lleva “Windows” dentro…’? Bastante más de la que nos imaginamos. ¿Lo ves, Microsoft? Un nombre es más que una palabra, condiciona lo que la gente piensa y espera de tus productos. Deberíais haber sido más arriesgados y haber puesto otro nombre a un producto que no pretendía ser tan continuista, al menos no para los dispositivos móviles.

Lo de Windows RT, pues nada, comentar brevemente que ha sido otra estupidez que ha añadido más confusión en el consumidor: “¿Qué es eso? ¿Pero no es lo mismo que Windows 8? ¿Entonces?”

Y sí, probablemente todo este caos de nombres y expectativas no cumplidas basados en ellos, no haya ayudado a que se hayan vendido más ordenadores, tablets y smartphones con Windows, sino todo lo contrario… Y es que un mal naming no es sólo una cuestión estético/literaria, puede perjudicar (y seriamente) las ventas.

Los moda de los aparatos con nombres “fashion”

La tecnología es un mercado complejo, donde las características de los aparatos y sus funcionalidades siguen siendo fundamentales en las decisiones de compra.

Pero en un intento por diferenciarse y crear productos más atractivos muchas casas de smartphones y otros aparatos han bautizado a sus aparatos con nombres tales como “Motorola Charm” (encanto), Samsung Fascinate (fascinación), HTC Desire (deseo), o HP Envy (envidia). Que menos mal que no los traducen aquí, porque si no…

Portátil HP Envy
¡Dios mío, voy a ser la envidia de todos con mi HP Env… oh Wait!

Aparentemente algún estúpido estudio de mercado que leyeron todos esos ejecutivos decía algo así como que la gente compraría cosas cuyo nombre apelara a su subconsciente: haciéndoles pensar que serían encantadores, objetos de deseo o de envidia al poseerlos. Ya… ya sé lo que estás pensando, a mí también me parece una estupidez supina. Qué quieres.

Señores que nos venden tecnología: la realidad es que cosas así resultan hasta “ñoñas” y fuera de lugar. Y no funcionan. Si venden, no va a ser porque el nombre nos evoque nada de eso. Será por el precio, características, experiencia de uso, filosofía, y fidelidad a la marca. Y si encima nos “mola” el nombre, pues mejor que mejor. Pero por favor, que al menos sea neutro y no nos haga parecer (mucho) más estúpidos al explicar su significado.

 

Estos son tres casos y cosas que hemos visto recientemente en el mundo tecnológico. Hay más, sin duda: la cantidad de websites con namings “de espanto” que pulula por ahí da como para un artículo propio (echad un vistazo al artículo que enlazamos, con ejemplos en inglés: de esperpento y risa puros).

No podemos evadirnos a la realidad de que un mal nombre condiciona, crea expectativas equivocadas, confusión, y hasta quizá, vergüenza ajena.  Si estás creando una empresa, producto, marca, y no tienes la gente adecuada para ello, por favor, busca a expertos en comunicación que te asesoren. Y “testea”: prueba antes en tus usuarios qué tipo de reacciones genera. Porque con el naming, es muy, muy fácil “liarla”.


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